Elección Incondicional

La elección incondicional, o también conocida como la elección soberana o elección divina, es una doctrina bíblica que para muchos es difícil de aceptar y muchos incluso odian esta doctrina, unos la condenan como una herejía.

Primero definamos la doctrina y luego voy a comentar algunas razones por las cuales muchas personas odian tanto esta doctrina.

La definición realmente no es complicada, así que el problema no está con que la doctrina sea compleja, sino el problema está con que la doctrina enseña verdades que son difíciles de aceptar para muchos.

La elección divina o incondicional, como su nombre lo dice, significa que Dios elige a algunas personas para que reciban vida eterna simplemente porque así lo quiere. No las elige basado en ninguna condición como la fe o el arrepentimiento, sino simplemente por su soberana voluntad. 

Esto quiere decir que Dios escogió desde antes de la fundación del mundo a los que recibirían la salvación basado en su soberana voluntad, y no basado en ninguna condición como la fe, el arrepentimiento, o las buenas obras.

Aquí hay una definición más completa por parte del hermano Sam Storms:

“La elección incondicional o elección divina puede ser definida como la decisión amorosa y misericordiosa de Dios el Padre de otorgar vida eterna a algunos, pero no a todos, de los pecadores que merecen el infierno. Esta decisión fue tomada antes de la fundación del mundo y no fue basada en ningún acto de la voluntad o las obras humanas, sino solamente en la voluntad soberana de Dios. 

Nadie entra el grupo de los electos al cumplir con una condición, ya sea fe o arrepentimiento. Uno entra en el grupo de los electos por virtud de la elección libre y de gracia de Dios, por la cual él nos permite arrepentirnos y creer. Por lo tanto la elección divina es soberana e incondicional”

Como te podrás imaginar esta doctrina es muy debatida. ¿Por qué crees que es difícil aceptar esta doctrina?

El problema no es que la doctrina no tenga fundamento bíblico. Más bien el problema es que esta doctrina ofende el orgullo humano.

Para muchos el problema está en que no se les hace justo que Dios solo escoja a unos y a otros no. No se les hace justo que Dios no les dé la oportunidad a todos de arrepentirse y creer (esto por cierto es un entendimiento incorrecto de la doctrina). En otras palabras, piensan que esta doctrina iría contra el carácter justo de Dios. 

Estas mismas personas también piensan que esta doctrina enseña que no hay libre albedrío. Que somos robots o títeres que no tienen la libertad de aceptar o rechazar el evangelio por su propia cuenta sino que todo ya está predeterminado. Piensan que esta doctrina enseña que Dios es un titiritero que únicamente nos da la ilusión de libre albedrío. 

Por lo tanto, estás personas también acusan a esta doctrina de enseñar que no hay responsabilidad humana. Si Dios ya escogió a los que van a ser salvos, entonces ¿por qué Dios todavía juzga a los que no creen en él?

Entonces ¿qué hacemos con todas estas acusaciones? Pues lo que tenemos que hacer es ver que es lo que enseña la Biblia.

Si nuestro punto de partida fuera la filosofía humana entonces no estaríamos enseñando la doctrina de la elección incondicional. Pero como la Biblia es nuestra fuente de autoridad donde Dios ha revelado todo lo que quiere que sepamos en este tiempo, entonces enseñamos lo que la Biblia enseña aunque se nos haga una doctrina difícil de entender y de aceptar. 

Hay muchos pasajes que hablan sobre el concepto de la elección incondicional, como Efesios 1, Juan 10 y 17, Mateo 13, etc. Pero uno de los pasajes que presenta esta doctrina de forma contundente y rotunda es Romanos 9. Así que vayamos a Romanos 9.

Te invito a que leas el  pasaje.

El contexto de este pasaje es importante. Básicamente el punto que Pablo está haciendo es que por más que le gustaría que todos los israelitas fueran salvos, no todos serán salvos. Y él mismo anticipa un posible argumento en contra. “¿No se suponía que Israel era la nación escogida de Dios? ¿Entonces cómo es posible que no todos los israelitas sean salvos? ¿Será que la palabra de Dios falló?”

“No, señor. La palabra de Dios y las promesas de Dios nunca fallan.” La cosa es que no todos los israelitas son salvos porque no todos los descendientes de Israel son Israel. No todos los descendientes de Abraham son hijos [de Dios]. Es decir, la salvación nunca fue basada en el hecho de que las personas eran descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob. Jesús mismo afirma esto en Juan 8:39 cuando debatía con los fariseos, Ellos le contestaron: «Abraham es nuestro padre». Jesús les dijo*: «Si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham. 40 »Pero ahora me quieren matar, a Mí que les he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham. 41 »Ustedes hacen las obras de su padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios».

La salvación nunca ha sido dependiente de la voluntad humana, la ascendencia étnica, ni ningún otro factor. La salvación siempre ha dependido de la elección libre de Dios antes de la fundación del mundo.

En Efesios 1 Pablo declara que “Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él.”

No son los hijos de la carne los que son hijos de Dios sino los hijos de la promesa son considerados como descendientes.

Esto nos lleva al punto de enfoque de este escrito. ¿Por qué Pablo menciona a Jacob y a Esaú? Los menciona para demostrar el punto que acaba de hacer. El punto que acaba de hacer es que el hecho de que no todos los israelitas son salvos no significa que la palabra de Dios ha fallado, sino que el pertenecer a Israel no es dependiente de la ascendencia física de uno sino que es dependiente de la promesa y (como lo veremos a continuación) de la elección incondicional, libre, y soberana de Dios. 

No todos los israelitas fueron salvos porque no todos los israelitas fueron escogidos por Dios. Únicamente los que son escogidos por Dios antes de la fundación del mundo son los que creen el evangelio y son salvados por Cristo.

Abraham tuvo dos hijos pero solo uno fue escogido por Dios. Alguien diría, bueno pues es que Ismael era hijo de Hagar. Entonces Pablo nos da un ejemplo todavía más claro y contundente. Isaac tuvo dos hijos de la misma madre, incluso gemelos, pero solo a uno escogió Dios para ser salvo y al otro lo desechó. 

¿Qué aprendemos de este ejemplo?

Dios hizo su elección antes de que nacieran, antes de que hicieran alguna obra buena o mala. Es decir, su elección no fue basada en nada de lo que iban a hacer en el futuro. 

La elección divina no está basada en las obras buenas o malas. ¿Por qué es esto? Pablo nos dice la razón. Esto es para que el propósito de Dios conforme a la elección permanezca. Si la salvación dependiera de nuestras obras o de cualquier otra condición entonces la elección de Dios no sería libre ni soberana sino que dependería de la voluntad humana. Dios sería esclavo de las obras humanas. Podríamos torcerle el brazo a Dios y salvarnos a nosotros mismos. 

Pero sabemos que eso es imposible. “No hay justo ni aun uno. No hay quien busque a Dios.” Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. No había forma de que nosotros pudiéramos elegir a Dios, creer en Cristo, ni arrepentirnos porque estábamos espiritualmente muertos. Si teníamos la opción de escoger a Dios pero si Dios no nos hubiera escogido, nunca le hubiéramos escogido a él.

La elección incondicional es buenas noticias porque quiere decir que a pesar de nuestra incapacidad de buscar a Dios, y a pesar de nuestra depravación total, nuestra tendencia a rechazar a Dios, nuestra inhabilidad de hacer el bien, lo terrible de nuestras malas obras, y lo incompleto de nuestras buenas obras, Dios nos ha escogido para salvación y no hay nada ni nadie que pueda acusar a los escogidos de Dios ni separarnos del amor de Dios.

Una de las verdades más difíciles de aceptar que este pasaje enseña es que Dios ama a unos, y a otros los aborrece. Es difícil de explicar pero Dios escoge a unos, y a otros los rechaza. La palabra aborrecer es fuerte. Pero sabemos que Dios es capaz de aborrecer sin cometer pecado. Dios es completamente santo e incluso en su aborrecimiento de algunos, es perfectamente justo y santo.

Precisamente esto es lo que Pablo aborda en la siguiente sección. Él mismo sabe que lo que está diciendo es complicado y que va a tener oposición así que él mismo plantea las preguntas que ya sabe que va a recibir y las contesta. Esto es interesante porque estas son precisamente las preguntas que hacen los que se oponen a esta doctrina. Pero sus preguntas y objeciones están aquí mismo en la palabra de Dios. Y la palabra responde de manera rotunda.

La primera objeción que Pablo aborda es que esta doctrina enseña que Dios es injusto. 

Pablo mismo hace la pregunta. ¿Hay injusticia en Dios? Su respuesta es un “no” rotundo. 

Su razón es la soberanía de Dios y su libertad de escoger de quien quiere tener misericordia. Esta respuesta no será satisfactoria para los que le dan más importancia a la voluntad humana que a la voluntad de Dios. Dios, como creador de todas las cosas, tiene la libertad de tener misericordia de quien él quiera tener misericordia. 

La misericordia y compasión de Dios no dependen del esfuerzo y de la voluntad humana sino de Dios.

Pero el hecho mismo de que Dios ejerza su voluntad para tener misericordia de algunos demuestra que él es un Dios justo, y no solamente justo sino que además es misericordioso.

¿A qué me refiero con esto? Recuerda que no hay justo, ni aun uno, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios; y la paga del pecado es muerte. La justicia de Dios dicta que toda la humanidad sufra el castigo por el pecado. La justicia de Dios dicta que todos permanezcan eternamente separados de la gloria de Dios. Dios pudo haber no perdonado a nadie y permanecer 100% justo. Lo justo es que los pecadores paguen el castigo por su pecado.

Pero Dios además de ser justo, también es misericordioso y perdona pecadores. Pero ¿quién le puede decir a Dios a quién perdonar y a quién no? ¿Quién puede demandar que Dios perdone a todos? ¿Quién puede criticar a Dios por ejercer su soberana voluntad y mostrar misericordia a estos pecadores que merecían el castigo?

Cuando un presidente otorga el perdón presidencial a unas personas, los demás presos del país que han cometido crímenes y están presos por razones legítimas no pueden decir que el presidente es injusto por no haberlos perdonado a ellos. Ellos merecen su condena justamente. Los que reciben el perdón también merecen estar presos. Es únicamente por la “misericordia” del presidente que pueden recibir ese perdón.

Un presidente o rey otorgará perdón a alguien por algún motivo político. Dios otorga el perdón a pecadores indignos para mostrar su poder, para que su nombre sea proclamado en toda la tierra, para mostrar su gloria.

Un presidente sería egoísta e idolatra si esa fuera su motivación. Pero Dios, siendo el único que es santo, santo, santo, glorioso, y perfecto es el único ser en el mundo que puede glorificarse a sí mismo y no ser egoísta ni idolatra. Si tú y yo nos glorificamos a nosotros mismos, sería idolatría. Si Dios se glorifica a sí mismo es correcto porque él es el único que merece la adoración, la gloria y la honra.

Es por esto que Dios, además de tener misericordia de quien él quiere, también endurece a quien él quiere endurecer. Nadie le puede decir a Dios que hacer. Y en su soberana voluntad él decide salvar a unos y endurecer a otros para mostrar su gloria, para demostrar su poder y para que su nombre sea proclamado por toda la tierra. Dios es el creador. Su poder y su nombre son los únicos dignos de ser proclamados y conocidos por toda la tierra.

Aquí Pablo anticipa una segunda objeción. ¿Entonces por qué Dios reprocha? ¿Por qué Dios todavía encuentra culpables a las personas que no creen y endurecen sus corazones? ¿Quién puede resistir la voluntad de Dios? En otras palabras, ¿Por qué Dios todavía sostiene la responsabilidad humana si él es el que elige a las personas para salvación?

En este punto, Pablo simplemente usa su as bajo la manga. Si valoras mucho la voluntad humana, la soberanía humana, y no valoras o entiendes la soberanía y la voluntad de Dios, la respuesta de Pablo te va a hacer enojar. 

¿Quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto modelado al que lo modela: «Por qué me hiciste así?» 21 ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario?

La respuesta es simple, pero hiere al ego humano. Dios es el creador y tú eres la criatura. Dios tiene la libertad de hacer con su creación lo que mejor le parezca. Y nadie puede cuestionar a Dios. Nadie puede rebatirle.

Dios es libre de destruir a los vasos de ira, para mostrar su ira, su poder y su gloria a los vasos de misericordia. Y nadie le puede reclamar a Dios. Él es el creador.

Sé que este pasaje es complicado, y para mi este es un punto a favor de el calvinismo. Los calvinistas no tratan de arreglar un pasaje conflictivo para apaciguar el ego humano o hacerlo más aceptable. A veces se nos acusa de poner a Dios en una caja. ¿Pero cómo vamos a estar poniendo a Dios en una caja cuando está doctrina literalmente demanda que aceptemos un misterio dificilísimo de aceptar? 

Si nos basáramos en el ego humano, muy probablemente no enseñaríamos esta doctrina o trataríamos de arreglarla para que no sonara tan fuerte. Pero la palabra de Dios es nuestra autoridad y la fuente de la verdad. Vamos a enseñar lo que está claramente escrito en la Biblia. 

Muchas veces se les acusa a los calvinistas de que son orgullosos y engreídos. Y tristemente este es el caso de muchos calvinistas que son calvinistas intelectuales pero no calvinistas de corazón. 

Esta doctrina no es para que nos gloriemos. Al contrario, esta doctrina debería humillarnos; debería llevarnos a nuestras rodillas. Dios nos pudo haber destruido junto con todos los vasos de ira, pero en su infinita sabiduría nos escogió antes de la fundación del mundo, antes de que hiciéramos algo bueno o malo, antes de que tuviéramos fe en él y nos arrepintiéramos, nos escogió para mostrarnos su gracia, salvarnos, y darnos a conocer las riquezas de su gloria. 

De antemano él nos preparó para gloria. Nos preparó antes de la fundación del mundo para contemplar su gloria por toda la eternidad. Nos llamó, no solo de entre los judíos sino también de entre los gentiles, para estar con el por la eternidad.

Todos, judíos y gentiles, merecíamos la destrucción. Merecíamos la muerte eterna a causa de nuestro pecado, pero Dios que es rico en misericordia nos escogió y nos salvó. ¿Cómo podemos tener orgullo por eso? No hicimos absolutamente nada para que Dios nos escogiera. No había nada que pudiéramos hacer. Es únicamente por la elección incondicional de Dios que nos salvó.

Esto es buenas noticias para los pecadores. Incluso aunque seas el peor pecador del mundo, Dios no escoge basado en nuestras obras. Incluso si eres el peor pecador del mundo hay esperanza para ti. La doctrina de la elección incondicional enseña que Dios nos salva sin ninguna condición. No hay nada que hayas hecho que Dios no pueda perdonar. No había ninguna condición o algo que teníamos que hacer para que Dios nos escogiera antes de la fundación del mundo. No habíamos nacido, no habíamos hecho nada malo ni bueno cuando Dios nos escogió para salvación. Ven a Cristo, cree en él. No hay nada bueno ni malo que puedas hacer para que él te rechace o te salve. Es únicamente su soberana voluntad y su decisión amorosa de salvar pecadores como tú y como yo.

En lugar de vanagloriarnos, los calvinistas (y todos los cristianos) debemos darle toda la gloria a Dios por su misericordia tan grande, por su amor, por su poder, por su soberanía, porque él tiene el poder de salvar, y en su misericordia, aunque todos éramos merecedores de la muerte eterna, él nos escogió y nos dió vida juntamente con Cristo.