Soy Perdonado

Por Vladimir Rios

El tema del perdón es asumido por la mayoría de los creyentes. Se nos enseña que Cristo en la cruz murió por nuestros pecados y que somos perdonados en virtud de este sacrificio. 

"Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras" (1 Corintios 15:3 LBLA). 

Esta es una verdad que enseñamos y sin duda trae libertad a nuestras almas agobiadas por el pecado. Sin embargo no excavamos más en esta verdad, simplemente la asumimos. Mi invitación en este articulo es que podamos indagar en este tema respetando el texto bíblico. Alguien me hizo una pregunta con respecto al significado del perdón. "¿Que significa que soy perdonado?" Después de meditar en esto puedo responder esta pregunta desde una perspectiva bíblica. 

Sin ofensa no existe la necesidad del perdón

Cuando decimos que somos perdonados por Dios en Cristo estamos reconociendo que le hemos ofendido. Sin ofensa no existe la necesidad del perdón. La Biblia declara que todos pecamos y quedamos expuestos al castigo de Dios que es Santo y Justo "por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios" (Romanos 3:23). 

Cuando decimos que somos perdonados por Dios en Cristo estamos reconociendo que le hemos ofendido. Sin ofensa no existe la necesidad del perdón.

El perdón que Dios nos otorga no esta basado en un cambio de comportamiento hacia él. ¿Que quiero decir con esto? Quiero que pensemos en lo que nos separó de Dios desde el principio cuando Adán, el primer hombre, pecó. Adán al desobedecer quedó marcado y sentenciado a muerte. Una sola ofensa bastó para que la humanidad completa quedare enemistada con Dios. Esto involucra los dos atributos que dijimos hace un momento (Santo y Justo). Ofendimos su santidad, y su justicia actuó. Rápidamente fuimos sentenciados a muerte. La paga del pecado es la muerte. (Romanos 6:23 a).

La solución no es un cambio de comportamiento sino un cambio de naturaleza

La solución a este problema no es un cambio de comportamiento. Dios no nos dijo que podríamos solucionar el problema si nos portábamos bien y nos manteníamos obedeciendo sus mandamientos. La característica de la ofensa a Dios no solamente se evidenció con una mala conducta que debe ser cambiada sino con un cambio en la misma esencia humana.

Cuando pecamos en Adán, la imagen de Dios quedó distorsionada. Esta característica de creación que la Biblia solamente aplica al hombre entre toda la creación (Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Genesis 1:26 ), ahora está dañada. No es un cambio de comportamiento lo que debe procurar el hombre para poder ser perdonado, sino un cambio de naturaleza. Algo imposible de lograr para el hombre .

En Juan 3 Jesus habla con un maestro de Israel sobre la necesidad de nacer de nuevo, es decir un nuevo comienzo que solo el Espíritu Santo puede hacer. Este nuevo comienzo tiene su origen en el perdón que Cristo logró con su sacrificio (cf. 1 Corintios 15:3). La relación armoniosa entre Dios y el hombre solo puede ocurrir con una restitución de lo que se dañó. Es decir un origen nuevo, algo imposible para nosotros como seres mortales. 

El perdón es una evidencia de nuestra incapacidad

Hasta aquí hemos establecido que para que exista el perdón tiene que existir una transgresión o ofensa a alguien y que el perdón restaura la relación original. 

También el perdón es una evidencia de nuestra incapacidad de arreglar las cosas, por esta causa es otorgado. Lo que quiero decir es que la disposición de perdonar no es una cortesía del creador con su creación sino que viene de una ira santa y justa que ha sido aplacada en favor de los que estamos en Cristo. Solo Cristo pudo lograr un perdón para el hombre. El es nuestro mediador. "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre" (1 Timoteo 2:5).

Esta intervención de Cristo en el plan de salvación nos deja bien claro nuestra posición de incapacidad, insuficiencia y debilidad.

Un entendimiento erróneo del perdón es que una vez que somos perdonados automáticamente dejamos de pecar y tenemos una relación perfecta con Dios. Lo cierto es que ser perdonado no implica que tengo una nueva capacidad para sostener mi relación con Dios por mí mismo y no necesito más a Dios.

Esto se ve reflejado cuando juzgamos a los demás porque no tienen la fuerza suficiente para dejar de pecar y mostrar una conducta solida en Cristo. La Biblia nos habla que tenemos que mostrar una conducta digna del llamado que Dios nos ha hecho de venir a su salvación pero en ninguna parte de la Biblia encontramos que al recibir perdón somos perfectos. Mas bien vemos la debilidad en cada personaje de la narrativa bíblica. 

No estoy justificando la mala conducta, ni el pecar deliberadamente. Solo quiero que comprendamos que ser perdonado es la fuente que debemos beber para vivir una vida digna del Señor. Quiero que tengamos en cuenta nuestra debilidad para no tener un alto concepto de nosotros mismos y que podamos ser alertados al conocer que seguimos siendo débiles. 

El perdón no nos hace impecables, más bien nos anima a querer ser como nuestro Salvador y el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos nos da un nuevo corazón y un nuevo poder para vivir vidas que reflejan el evangelio.

El perdón produce humildad

Lo que pretendo es lo que aprendo de Pablo a través de estos versículos.

2 Corintios 4:7. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. 

1 Corintios 10:12. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga.

El perdón otorgado nos invita a vivir una vida de arrepentimiento. La afirmación de que sin arrepentimiento no hay perdón es verdad. Solo que el arrepentimiento no atrae el perdón de Dios originalmente, es el perdón otorgado el que nos conduce al arrepentimiento. Romanos 2:4. ¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?

El arrepentimiento esta cimentado y procurado solamente por Dios en la Obra de Cristo quien logró la aceptación de cada uno de los que estamos en él. En este sentido podemos afirmar que sin arrepentimiento no hay perdón.

Podemos concluir que el perdón otorgado no nos libra de la presencia del pecado en nuestra vida, sino de la condenación del pecado. El castigo por nuestro pecado cayo sobre Cristo en la cruz y ahora podemos ser perdonados. Romanos 8:33. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.


Benjamin Jimenez